Alexander
El silencio puede ser un arma letal si sabes afilarlo con precisión. Y esta mañana, la oficina está llena de cuchillas invisibles. Todos sonríen, fingen trabajar como si no supieran que algo se cuece en el aire. Pero yo sé. Siempre sé.
Mia entra puntual. Como siempre. El taconeo firme de sus Louboutin resuena sobre el mármol y yo no necesito levantar la vista de la pantalla para saber que hoy ha venido con la falda lápiz negra, esa que le marca las caderas como si el tejido estuviera