Respiro profundo, intentando que el aire llene mis pulmones y calme el fuego de mi ansiedad. Al exhalar, me observo. El vestido negro que había comprado esa misma tarde no es solo una prenda; es una armadura. Se pega a mi cuerpo como una segunda piel, resaltando curvas que no suelo resaltar, aunque mis noches en el club no cuentan para mí. El vestido moldea mi figura con una elegancia que me resulta ajena y, al mismo tiempo, extrañamente natural. La tela es de una calidad excepcional, fresca co