La habitación se siente como una tumba de lujo. Camino de un lado a otro, mis pies golpeando la alfombra con una cadencia violenta, mis manos abriéndose y cerrándose como garras que buscan algo que desgarrar. Soy una fiera en una jaula de oro, y la rabia que me quema las entrañas no tiene precedentes. Nunca, en toda mi vida, ni siquiera cuando me vi obligada a aceptar este trato, había sentido un odio tan puro y concentrado como el que siento ahora por Lucien Ivanov.
Ese hombre es un jodido mon