Capítulo 23: El otro lado de la Propiedad.
El frío de la vergüenza era peor que el del metal. Han pasado horas desde que folle con Lucifer y desde que él mismo me dejara en la habitación, luego de liberarme de las cadenas. La argolla de terciopelo y metal en cada tobillo, unidas por una cadena corta, era un peso constante, un recordatorio físico de mi estatus. Me había quedado dormida por puro agotamiento emocional y físico, y al despertar, la realidad de mi fallido escape era tan palpable como las mismas cadenas que me habían puesto.
A