# CAPÍTULO 20: SEDA NEGRA Y MUROS DE CRISTAL
El despertar en la Quinta Avenida no tuvo nada de la magia de Italia. No hubo besos al alba ni el sonido suave del agua chocando contra el muelle. Lo que hubo fue el frío gélido del aire acondicionado central y el peso muerto de una soledad que se sentía como una losa de concreto sobre mi pecho.
Me había quedado dormida por puro agotamiento emocional, con el rostro hinchado y el alma hecha jirones. En mi desesperación por sentirme algo más que una pr