# CAPÍTULO 11: HIELO, SEDA Y VENENO
Despertar en la Suite Presidencial del Grand Hotel después de una noche de embriaguez y humillación es lo más parecido a despertar en una jaula de cristal y oro. La luz del sol italiano se filtraba por los inmensos ventanales que daban al Lago de Como con una crueldad innecesaria, golpeando mis párpados con la fuerza de un mazo. Pero el dolor físico de la resaca —ese latido rítmico detrás de mis sienes— no era nada comparado con el ardor que sentía en el pec