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# CAPÍTULO 10: LA LUCIDEZ DEL CAZADOR (POV ALEXANDER)
El peso de Isabella en mis brazos era una ironía insoportable. Se sentía ligera, casi frágil, una contradicción viviente con el caos que era capaz de desatar en mi sistema con solo respirar. Crucé el umbral de nuestra suite y pateé la puerta; el estruendo de la madera al cerrarse fue el único desahogo que me permití frente a la presión que sentía en el pecho.
La habitación estaba sumergida en una penumbra elegante, apenas iluminada por la