—Alex está en su cuarto. Zoey y Cheeto la están cuidando. Acabamos de huir de la Organización Janus y no podemos arriesgarnos a ir a un hospital. Tienes que ayudarnos.
Suplicó Kato, angustiado por la vida de la chica que consideraba su familia. Entró a la habitación y vio a la joven tendida en la cama. Tenía la cara pálida como el papel y apenas respiraba.
—¡Haz algo, por favor! Esto no es una simple gripa.
Rogó Cheeto, desesperado. Como era imposible llevarla a una clínica pública, no le quedó