Para cuando la joven salió del gimnasio, había empezado a llover a cántaros. Al no llevar paraguas, corrió empapada hasta el estacionamiento y condujo de regreso a casa de su abuelo. Al llegar al portón, quiso marcarle a Tina para que saliera con una sombrilla, pero su batería estaba agotada. No le quedó de otra más que bajarse y caminar bajo la tormenta hasta la entrada principal.
El agua helada la hizo temblar, pero esa misma sensación de incomodidad le aclaró la mente. Iba a asegurar las acc