Aunque en internet seguían lloviéndole insultos a Sami, al menos ya habían sembrado la duda en una parte del público. Tal vez él tenía otras pruebas para salvarse, porque ni Damián ni Nely serían tan tontos como para arruinar su propia carrera.
—¿Y luego qué? —Sami Ruffovolvió a la carga—. Ya los vendiste a los dos, ¿y ahora qué sigue?
—Esperar.
Alina estaba sentada en el sofá con una pierna cruzada sobre la otra.
—¿Esperar? Metiste a toda la empresa en esto, ¿y no tienes un siguiente paso?