Oliver ni siquiera levantó la cabeza; seguía firmando documentos.
Tito se quedó un momento desconcertado.
—Director, conociendo el carácter del joven Nathan, va a ir a armar un escándalo a casa de los Santori.
—Que lo arme. Mientras más grande, mejor.
—Director, me temo que a don Efraín no le va a gustar nada.
Tito no quería que Oliver y su padre se distanciaran cada vez más.
Oliver levantó la mirada hacia él.
—Últimamente hablas demasiado.
Tito agachó la cabeza.
—Disculpe, me extralim