RYAN
El pasillo tenuemente iluminado fuera de la habitación de Hailey parecía pertenecer a otro mundo: su mundo, uno en el que yo ya no encajaba. Las sombras se aferraban a mí mientras permanecía allí, apoyando la cabeza contra la fría pared, con las manos inquietas. Dos años. Ese era el tiempo que había pasado intentando limpiar el desastre que había causado, con la esperanza de reconstruir una vida que había destrozado. Pero nada me había preparado para volver a ver a Hailey, erguida e inqueb