HAILEY
Las sombras se aferraban a los árboles como un público silencioso mientras el borde del bosque se alzaba detrás de mí. Sostenía el pequeño cuerpo sin vida de Alexia; su peso helado era un duro recordatorio de las atrocidades que acababa de presenciar. Las espinas y las piedras afiladas eran implacables, y mis piernas ardían por los rasguños. Pero, sinceramente, el dolor apenas se registraba. No tenía importancia.
Amenia se agitó dentro de mí, su presencia cargada de furia y tristeza.
—Es