El olor a alcohol y la pesadez de la máquina de hacer humo en algún lugar de la casa nos golpeó tan rápido como atravesamos la puerta principal. El ambiente se sentía cargado y nuestros cuerpos vibraban con la música. Las luces de colores bailaban sobre nosotras y poco podíamos ver de las decoraciones por la cantidad de gente que había.
Cuando empezamos a caminar a través de la sala que habían vuelto una pista de baile me preocupé, no quería perder a las chicas pero la gente me empujaba casi