El olor a alcohol y cloro me golpeó fuerte cuando desperté, así como la desgarradora sensación de ardor en mi garganta. Estaba a todo a oscuras pero no necesitaba luz para saber de quién era el brazo que me rodeaba; Keydan.
Alejo su brazo de mi y me levanto con cuidado de no despertarlo, a juzgar por el sepulcral silencio, la fiesta de Milena terminó y el sofá debe estar sucio pero libre. Intento abrir la puerta pero ésta está cerrada con llave. Suelto un gruñido de frustración.
―¿Vas a algún l