Mundo de ficçãoIniciar sessãoEstábamos en el templo del señor Miyagui, llovía a cántaros mientras este nos preparaba un poco de té y yo, sentada sobre el suelo, con los pies colgando hacia afuera, miraba hacia la lluvia que caía junto a nosotros, pero estábamos tapados por el techo de aquel lugar, así que no podía mojarnos.
Agarró mi mano, mientras apoyaba su cabeza sobre mi hombro, provocando que yo ladease la mía un poco p







