La rabia de Alyssa era cada vez más profunda, en su mente se repetía una y otra vez la imagen de Angelina bailando con el duque.
—Qué es lo que tiene esa infeliz que enloquece a los hombres —Alyssa se rebanaba el cerebro examinando qué era lo que Angelina tenía, quien la hacía especial, su hermano había perdido el juicio por ella, y el duque de St. Moritz la observaba esa noche con admiración. —¡No soy Míriam!, no me quedaré con este impacto bajo, te lo devolveré con fuerza Angelina Elliot.
Jaz