El domingo había llegado y Angelina odio eso, no quería marcharse, deseaba con todo su corazón seguir junto a Michael, pero su breve sueño ya estaba por terminar y la realidad la reclamaba.
—Por favor, Angelina, no te hagas dependiente de él —se repetía de esta manera mientras se arreglaba para bajar a la sala.
Clara arribó a la sala inicial, antes de que su hija, Michael, la esperaba en su despacho para abordar el asunto que habían dejado sin concluir.
—Siéntate, Clara —le solicitó Michael con