Seguramente me oyó quejarme por teléfono con mi madre antes de que no había dormido bien anoche otra vez.
—De acuerdo. Hazlo—, accedo.
—Genial. —Su sonrisa tenía un aire travieso.
¿En qué lío me he metido?
—Además de pasear por la playa, ¿tienes algún otro pasatiempo? —le pregunto. Después de haber cenado con ella la otra noche, quiero descubrir aún más sobre su vida.
—Cuando era más joven, era gimnasta y se me daba muy bien la barra de equilibrio, y aunque ya no puedo practicarla, sigo intenta