Hoy temprano lo oí hablando por teléfono con su madre, quejándose, una vez más, de otra noche terrible. Su cerebro está siempre a toda marcha, sin botón de apagado.
Me cae bien. No. Eso es quedarse corto; me cae muy bien, y me preocupa su bienestar. Necesita bajar el ritmo o se va a matar a trabajar.
La otra noche, mientras me duchaba, decidí ser valiente. No se trataba solo de ir al baile con él ni de admitir que, si intentaba algo con él, tendría que posponer mis planes; se trataba más bien d