Jasemin.
El aire dentro de la habitación dejó de sentirse normal en el momento exacto en que Aarón cerró la puerta detrás de sí, con esa calma suya que siempre parecía más violenta que cualquier golpe, como si el mundo tuviera que obedecer el sonido de ese cierre.
Yo seguía ahí, de pie frente a la mesa, con las manos sobre la tela que debía estar doblando, pero ya no estaba trabajando, estaba esperando sin querer admitirlo, porque su presencia siempre hacía eso, convertía cualquier espacio en a