PARTE II. CAPÍTULO 38
Abrió los ojos temprano, como siempre, y sin esfuerzo, como cada día, entonces caminó hasta su cocina, se preparó un café y se sentó en el pórtico de su casa, viendo al jardín y cómo las personas comenzaban a iniciar sus días también, mucho rato después, cuando lo poco que quedaba de su café en su taza ya se había enfriado.
Estaba sumergido en sus pensamientos, seguía sin procesar lo que había ocurrido, y no sabía qué debía decidir al respecto, por eso solo cerró los ojos por un momento hasta q