Durante los días siguientes a su candente reencuentro, Milenka e Itzam se dedicaron a recuperar el tiempo perdido en la cama. Su necesidad por esa conexión íntima no parecía saciarse.
Los rayos del sol entraban con fuerza en la habitación, la fina tela de las cortinas no tenía la suficiente fuerza para detenerlos.
Con un ritmo acompasado, Milenka movía sus caderas sobre Itzam, este la abrazaba con fuerza por la cintura a la vez que sus labios devoraban los de ella. Sus cuerpos sudorosos, mientr