NARRADO EN TERCERA PERSONA.
Elizabeth observaba a Nick desde el otro extremo de la pequeña oficina de la jefatura. Él estaba dormido, con la cabeza apoyada en su brazo sobre el escritorio. Su respiración era lenta y profunda. Un sentimiento de culpa la invadió por un momento, pero lo desechó rápidamente. No tenía opción, debía ir a ver a la banda y hablar personalmente con Héctor, el Diablo. Debía dejar las cosas claras de una vez por todas.
Con cautela, se dirigió al pequeño baño adjunto a la o