—Renata, por favor… —su voz sonaba entre nerviosa y suplicante.
—Esto no es apropiado. No puedes llegar aquí como perro por tu casa. Esto es mi espacio personal. Tu y yo ya hablamos. No tenemos nada.
Renata ignora por completo su incomodidad.
—Aziel, mi amor, volví para recuperar lo nuestro. ¡Te extraño tanto! ¡Tu madre me dijo que estabas mal pero no sabía qué tanto! Mira que traer a esta isleña de tan lejos y a...eso de allí —señala a Carla con su mascarilla puesta.
—¿Lo nuestro? —interrumpe