Apenas entraron al apartamento, Carla se hizo la dueña del lugar.
—Bueno, mis amores, yo tomaré la habitación de visitas. Necesito un espacio para mis cremas, mis aceites esenciales y mis sesiones nocturnas de meditación con velas aromáticas —dijo mientras caminaba con sus maletas como si fuera una estrella de cine llegando a un hotel de cinco estrellas.
Aziel rodó los ojos con resignación y miró a Naiara con una sonrisa traviesa.
—Supongo que eso significa que nos tocará compartir cama.
Naiara