Aziel no perdió más tiempo.
—Naiara...
Sus manos, grandes y seguras, recorrieron el cuerpo de Naiara con una mezcla de necesidad y devoción. Su boca descendió sin prisa, dejando un rastro de besos húmedos por su piel hasta llegar a su vientre, donde descansó la palma de su mano. La acarició con ternura, sabiendo que, aunque aún no se notara, dentro de ella crecía su hijo.
Naiara tembló bajo su toque, entrecerrando los ojos cuando sintió su lengua delinear su piel con precisión. No pudo contener