La noche estaba en su punto más tranquilo.
La casa, llena de risas y música caribeña hasta hace poco, se había quedado en silencio. Habían comido y bebido hasta saciarse y quedar agotados. Naiara ya había ido a la cama y dejado a todos durmiendo esparcidos por la cabaña, aunque su mente seguía danzando con pensamientos, especialmente por el hecho de que Aziel había sido tan… lindo y tierno.
Esa mirada que siempre tenía, esa manera de sonreír que la dejaba con las piernas temblando. Pero no era