Desde que Naiara tenía memoria, las tormentas tropicales eran un pan de cada año en la isla.
Nada que una buena construcción y un poco de paciencia no pudieran manejar. Así que cuando Carla irrumpió en la sala con cara de alarma y el teléfono en la mano, Naiara apenas levantó la vista de su taza de té.
—¡Se viene una tormenta tropical! —anuncia Carla, como si estuviera dando la noticia del fin del mundo.
—Ajá —responde Naiara, soplando su té con calma.
—¡Ajá, no! ¡Tienes que asegurar todo! ¡Com