Georgina y Maximiliano caminaron en silencio por el sendero que los alejaba del sitio en donde Maximus estaba. El sol apenas comenzaba a ocultarse, tiñendo el cielo con matices de naranja y púrpura, pero para ellos todo era gris. Cada paso era un peso más en sus corazones, cargados de la fría realidad que acababan de enfrentar: el rechazo de su propio padre, puesto que el corazón no se equivoca y ellos sentían y sabían tenían la certeza pese a ser muy pequeños de que aquel hombre que usa silla