C124-LA SUBASTA (II)
Rowena siguió a Keeva por el pasillo de luces rojas, fingía calma, incluso coquetería, pero estaba nerviosa. Keeva se detuvo frente a una jaula más apartada, con una sonrisa venenosa.
—Aquí está mi joya —anunció y abrió la reja metálica para que ella pudiera mirar dentro.
Rowena contuvo el aliento.
El hombre que estaba encadenado dentro, sentado contra la pared de acero, no era un desconocido. Era alto, con el torso desnudo cubierto de cicatrices recientes, su cabello blan