Capítulo 108. Un Rayito de esperanza.
El doctor les indicó que podían pasar a ver a Nataniel, pero que debían ser cuidadosos debido a su delicado estado de salud.
Al entrar a la habitación donde estaba su hijo, el corazón de Alena se partió en dos y sintió que el mundo le caíaencima. Era doloroso ver a su pequeño conectado a un sinfín de tubos y cables, su cuerpo tan inmóvil que parecía no estar vivo, no pudo evitar un leve gemido de desesperación salir de sus labios y gruesas lágrimas recorrieron su rostro.
—¡Oh por Dios! —excl