Era una noche tranquila en la oficina, al igual que el día liberador que lo precedía. Alice estaba inmersa en un mar de documentos. Las luces fluorescentes iluminaban su espacio de trabajo, creando un ambiente monótono que parecía reflejar su estado de ánimo. La discusión de esa mañana seguía resonando en su mente como un eco molesto.
De repente, un suave golpe en la puerta la sacó de sus pensamientos. Levantó la vista y vio a Malek, con una expresión nerviosa pero esperanzadora. En sus manos s