Estaba decidido, Alice no permitiría que Dalton la siguiera pisoteando. Ni él, ni nadie, tendrá el derecho de hacerlo nunca más. Aunque su matrimonio era un negocio, una simple y fría transacción con intereses monetarios de por medio, habían acordado respetarse y él había violado esa regla.
Era muy injusto que él pudiera acostarse con su exesposa en su car, mientras ella debía “mantener las apariencias”. ¿Acaso sentía celos? No lo sabía, pero sí estaba segura de darse la vida y los cuidados qu