Alice se encontraba en su habitación, la oscuridad de la noche envolvía cada rincón del hogar mientras intentaba, sin éxito, conciliar el sueño. Su hija Dalia, dormía plácidamente a su lado, ajena a las preocupaciones que asaltaban la mente de su madre. Alice no podía evitar pensar en Samuel, preguntándose dónde estaría y si se encontraba a salvo. Sabía que era igual de obstinado que su padre y que no descansaría hasta cumplir su objetivo, lo que solo incrementaba su ansiedad.
El silencio de la