Alice se sentó de golpe en la cama, sus ojos aún llenos de terror. El sudor perlaba su frente mientras la imagen de Samuel en peligro se repetía en su mente. Justo en ese momento, Mia irrumpió en la habitación, preocupada.
—Alice, cariño ¿Estás bien? —Preguntó Mia, corriendo hacia ella y abrazándola con fuerza. —¿Qué pasó?
Alice respiró hondo, intentando calmarse.
—Tuve una pesadilla… Samuel estaba… estaba muriendo a mis pies y me pedía ayuda a gritos. No podía hacer nada para ayudarlo. —Confes