Samuel y Gabriel esperaron aproximadamente una hora afuera de la oficina del director, nerviosos y expectantes. El silencio en el pasillo era casi ensordecedor, y cada minuto que pasaba se sentía como una eternidad. Finalmente, la puerta de la recepción se abrió y Samuel no pudo creer lo que veía: Alice estaba allí.
El director la había llamado, y al verlo, Alice se acercó a Samuel con una mezcla de preocupación y sorpresa en su rostro.
—Samuel, ¿Qué está pasando? Nunca te habías peleado con nad