Dalton salió del hotel con la mente en cualquier lado, subió a su limusina y le ordenó al chofer que lo llevara de vuelta a su hotel, con la respiración acelerada y su corazón en la garganta, miró por la ventana trasera del vehículo para asegurarse de que nadie los estuviera siguiendo.
La limusina avanzó rápidamente por las calles desiertas, mientras Dalton trataba de calmarse. Sabía que había cometido un error al huir, pero el miedo había sido abrumador. Debía regresar, enfrentar lo que había