Dalton y Malek sacaron el paracaídas y se miraron mutuamente, preguntándose qué harían, pero no había más opciones, solo uno podía salvarse y el otro debía sacrificarse.
Dalton tomó una respiración profunda, sintiendo el aire helado de la altura. Miró a Malek, cuyos ojos reflejaban el mismo miedo y la misma incertidumbre. Las nubes se arremolinaban a su alrededor, como si la misma naturaleza estuviera observando su dilema.
—No puedo dejarte aquí —Dijo Dalton, su voz temblando. —No estarías en es