Al llegar a la mansión de los Colman, Alice y Dalton bajaron de la camioneta y atravesaron la entrada, se miraron mutuamente como si se comunicaran únicamente con la mirada y luego Alice tocó el timbre.
El sonido del timbre resonó en la gran mansión. La tensión era palpable para ambos mientras que esperaban. Finalmente, la puerta se abrió, revelando a Edward Colman, con su expresión severa e imponente.
—Alice, Dalton, no esperaba verlos aquí. —Dijo Edward, su tono neutral, pero con un toque de