Los teléfonos de Alice y Dalton comenzaron a sonar sin control, llamadas, tras llamadas, mensajes de voz, mensajes de texto y decenas de correos electrónicos de todos lados.
Ambos estaban paralizados, sin poder ver alguno de los aparatos, no entendían lo que sucedía, estaban incriminando a Dalton por delitos que nunca había cometido y otros que sí, pero, en efecto, ninguno de los dos estaba preparado para pasar por esto ahora.
Alice y Dalton se miraron, sus rostros reflejando la gravedad de la