Capítulo 50: La justicia del Rey.
El pulso de Yara se aceleró con cada latido, una tormenta crepitante de anticipación y molestia. Parada en el claro de la manada, sus ojos permanecían fijos en Rosalinda, cuya furia era tan palpable como la humedad previa a una tormenta. La tensión era una serpiente enroscada, lista para el ataque.
Los movimientos de Rosalinda eran desesperados y llenos de furia. Ella no aceptaba su derrota, no podía soportar la idea de perder su loba y enfrentar las consecuencias de sus acciones. Con el cuchil