Capítulo 46: Un Alfa querido.
El polvo se levantó a su paso, ondulando como serpientes de tierra a la sombra de los vehículos militares. Brad, con la mirada fija en el horizonte erosionado por las ruedas de los convoyes, apretó el volante del vehículo líder.
Sabía que Oslo había acudido a la tecnología humana para inflar su arsenal con máquinas de guerra, y ahora él usaba esa misma intimidación para pasar inadvertidos.
—¿Cuántos guardias crees que habrá? —preguntó Yara, su voz calmada, contrastando con la tensión que vibra