Capítulo 66. EL reflejo del Enigma.
El primer sonido que Eliot reconoció al despertar fue el zumbido leve del monitor cardíaco. La luz del atardecer entraba oblicua por la ventana, teñida de dorado, y todo parecía suspendido en una calma irreal. Parpadeó una vez.
El aire no olía a hospital. Olía a Seiya —a sándalo y sake dulce—, mezclado con algo nuevo, más suave, más dulce: un rastro de vainilla y chocolate amargo que no supo reconocer. Ese contraste lo hizo despertar del todo. Giró la cabeza hacia la cama y el corazón se le det