Capítulo 36. El punto de No retorno.
Salieron de la Casa de Julieta dejando atrás la estatua y el patio silencioso. La callejuela adoquinada estaba casi vacía, apenas iluminada por los faroles antiguos que lanzaban un resplandor dorado sobre las paredes de piedra. El aire nocturno de Verona era frío y húmedo, con ese olor particular a piedra mojada y vino que escapaba de alguna trattoria todavía abierta.
Seiya encogió los hombros y frotó sus manos, tratando de calentárselas con el propio aliento. El contraste con el calor de la ca