Capítulo 37. Primera rendición.
La finca dormía en un silencio espeso, apenas roto por el crujido leve de la madera y el canto lejano de los grillos. Las luces del pasillo lanzaban un resplandor dorado sobre las paredes, creando sombras alargadas que parecían vigilar cada paso. Seiya subía despacio la escalera, todavía con el recuerdo fresco del viento helado del puente en la piel y el calor del beso que lo había dejado sin aliento. Eliot lo seguía a medio paso, la mirada fija en su espalda, con una ansiedad contenida que cas