Capítulo 174. Ojii-san... shinda.
La ciudad dormía en la quietud de la madrugada, sobre los techos de la Lombardía quedaban apenas rastros de nieve vieja, convertida en sombras húmedas que reflejaban la luz de los faroles. El aire seguía frío, pero ya no mordía: solo se insinuaba en los rincones, trayendo el aliento ligero de los primeros días de la primavera.
Dentro de la casa, la calefacción mantenía la habitación a una temperatura agradable, impregnada del olor dulce del whisky escocés y miel oscura. Eliot y Seiya descansaba