Capítulo 176. Mi quimera.
La luz de las primeras horas de la tarde se filtraba de manera tenue a través de los ventanales, iluminando el salón de juegos con la calidez pálida de los inicios de la primavera. El ambiente de la mansión permanecía sumido en una tensa calma.
En una esquina, las gemelas jugaban alrededor de una mesita baja, compartían una merienda, sirviendo té dentro de las piezas minúsculas de su vajilla de porcelana. Seiren tomó una de las tacitas con cuidado, estabilizó el pulso y caminó despacio hacia el