Capítulo 133. La boda del lobo gris.
El otoño caía suave sobre Milán, tiñendo las calles de un dorado apacible. La luz de la tarde entraba por los ventanales con la tibieza exacta que vuelve todo más real, más humano. Afuera, el viento movía las hojas secas en un rumor tranquilo; adentro, el perfume del cuero y el lino recién planchado llenaba la casa. Era un día para celebraciones, de esos en que incluso el aire parece ponerse elegante.
El espejo le devolvió la imagen de un cuerpo distinto al que había tenido antes, más delgado,