Ya en la casa, le sorprendió encontrarla en el jardín. La había buscado en su habitación, pero no la había encontrado.
La Nana le dijo dónde se encontraba, y casi corrió hasta llegar a la mesa donde estaba comiendo fruta, bajo la gran sombrilla.
Aparentemente, ella no se dio cuenta hasta que sintió unas manos deslizarse desde atrás por su abdomen, abrazando también la silla en la que estaba sentada.
—¿Sí sabes que aún estoy nerviosa, verdad? —preguntó la muchacha, jugando con él.
—Pues no vi qu